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Zink Tank

I – EXCUSAS

En Zink Tank estamos de acuerdo en que el proyecto “Álbum de Pedro” (en adelante AP) es una excusa. Además, una excusa frágil porque a poco que inquieras alguna razón que dé fe de la intención, de la relación entre obra y proceso de producción, la solidez del proyecto se quiebra. No hay una necesidad vital, hemos constatado. No hay una idea detrás, reconocemos. Quizá esté desvinculada la finalidad del trabajo con el método a seguir. Es posible. Pero no es un proyecto irreflexivo.

Para empezar, diremos que el punto de partida (construir canciones en casas de amigos que viven fuera de Barcelona) es una auto-imposición, casi una restricción, pero… En realidad no. Hay una pequeña explicación (haremos genealogía): el motivo lo da la vida en la ciudades. Al principio nos reuníamos para tocar en casa, un piso compartido típico de la ciudad condal. El piso estaba repleto de gente y de visitas, lo que hacía difícil dedicarse al trabajo intensamente y con tranquilidad. No era en absoluto molesto, pero queríamos más. Nos planteamos seriamente encontrar un espacio propio. Cosa imposible a no ser que fuera muy eventual y esporádico. Lo encontramos tirando de favores de amigos. Montar un estudio efímero que fuera fácil de trasladar y montar allá donde fuéramos. Hicimos un primer viaje a Vielha, al apartamento de nuestro amigo Oriol. Marc se encontraba bastante enfermo, pero a pesar de todo seguimos adelante para no desaprovechar la oportunidad. Pasamos una noche increíble: montamos el equipo y empezamos a grabar desde el primer minuto. Cogíamos todos los utensilios extraños que Oriol tenía en su apartamento para generar sonidos. Nos animamos tanto que nos fuimos a dormir al amanecer. Teníamos una canción entera, con letra y todo, a la que pondríamos de título “Vielha”. Así empieza AP, al comprobar, in situ, que en otro domicilio, en otra casa, y con gente que queremos, surgen momentos extraordinarios de empatía, lucidez y una extraña y diferente sensación de hogar. (Por cierto, Pedro es el nombre del portátil que Marc tenía por aquellos tiempos y donde hacíamos la grabación de la canción. Hoy Pedro ha pasado a manos precisamente de Oriol, que también quedó fascinado con la experiencia).

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II – CUESTIONANDO NUESTRA PROPIA METODOLOGÍA

Muy bien, ya está montado el método de trabajo. Tenemos la posibilidad de repetir el gesto que iniciamos con Vielha… ¿entonces qué hacemos? Nos encontramos en casa de, por ejemplo, nuestro amigo Luca en Venecia. ¿Qué hacemos? ¿Realmente creemos que podemos extraer la esencia de Venecia y de Luca en una sola canción? ¿Podemos (o queremos) reflejar algo de ambas circunstancias en formato canción? ¿Cómo? Nosotros, con nuestro equipo de ordenador y mini-estudio (que hoy en día está al alcance de todo el mundo, incluido tú). Con nuestros pobres conocimientos de lo que tenemos entre manos… ¿creemos que podemos hacer algo decente? ¿Qué quiere decir, en realidad, decente?

III – PREGUNTAS Y ALGUNA RESPUESTA

A este nivel, y ya de pleno metidos en la naturaleza del proyecto AP, ¿qué diferencia puede haber entre Venecia y Copenhague? Por supuesto sabemos que los condicionantes externos influyen de cierta manera en la obra (no es lo mismo un día de sol que un día de lluvia) pero… ¿es ese un factor hasta tal punto determinante en nuestra obra? Rotundamente no.

¿Por qué no hacemos canciones debajo de puentes de autopista en zonas devastadas por el fuego? ¿o en pueblos con menos de 114 habitantes?

¿Qué diferencia hay entre grabar una canción bajo un almendro de color rosa y hacer el mismo ejercicio en la casa de un pintor que colecciona esqueletos?

AP no es más que un ejercicio que trata de hacer algo en un ambiente desconocido, ajeno.

AP trata de pasárselo bien en ambientes amistosos.

A veces se hace extraño estar como de vacaciones y, de repente, tener que sacar el equipo y hacer una canción – es, de algún modo, contradictorio.

¿Es AP un proyecto de arte totalmente prescindible, irrelevante, suplementario?

Completamente de acuerdo. Somos conscientes en Zink Tank de la intrascendencia del proyecto AP. Negarlo sería absurdo. Y por eso constatamos que detrás de AP no hay idea alguna (más allá de lo que supone hacer de la anécdota una estrategia). Aún así…

IV – EL ASALTO DE LOS NO-MÚSICOS

Este es un tema clave. Nos declaramos no-músicos porque somos conscientes de nuestras limitaciones. Pero este es un punto controvertido que genera debate en el seno de Zink Tank. A Pia le irrita un poco esta bandera (la de los no-músicos) que Jordi y Marc sacan a relucir a poco que se les pregunte, cosa comprensible cuando ella está precisamente metida de lleno en sus estudios de música. Le parece una impostura definirnos de esta manera porque para ella no hay diferencia entre hacer música y ser considerado por ello como músico. De algún modo le parece una auto-indulgencia innecesaria, una modestia molesta y también sospechosa. Hemos acordado entre nosotros que si bien es cierto que hacemos música, nuestra prioridad no estriba en crear algo con una valía musical incuestionable. Por lo tanto, la declaración de no-músicos hace referencia a que no queremos que se nos juzgue por valores estrictamente musicales porque no es ese nuestro campo de juego. Nuestra pretensión no es lograr un alto nivel de musicalidad sino que la música (o canción) que hayamos generado sea capaz de englobar tanto nuestras ideas, modos de ver, estados de ánimo o intereses particulares bajo los que han sido creados. Es decir, que la canción, más allá de su interés intrínseco, sea para nosotros fruto de una experiencia lo más completa y rica posible, a todos los niveles (intelectual, emocional, sentimental, etc.).


V – NO SOMOS MÚSICOS. PERO…

¿Por qué Zink Tank está metido en un contexto artístico?.

En la corta e intermitente trayectoria de Zink Tank nos hemos visto dando conciertos en salas de arte, inauguraciones de ciclos, presentaciones de boletines, etc… Nos gusta mucho ese entorno (mucho más que el de las salas de conciertos y el imaginario tipificado de la banda de rock&roll), sentimos afinidad y compartimos interés. Pero no logramos explicarnos qué hay en nuestro trabajo que pueda dar cuenta de ésta nuestra presencia en este contexto.


IV – PREGUNTAS AL COMISARIO

Nos hemos propuesto responder al por qué estamos en un contexto artístico. Una vez más, nos parece más interesante la pregunta que la respuesta. Pero yendo un paso más allá llegamos a la conclusión de que tendría que ser el comisario, en este caso David Armengol, quien debiera responder, por razones obvias (y otras no tanto), a esta cuestión. A nosotros también nos intriga saber sus razones y quizás sea este espacio y éste el momento idóneo para plantearle la pregunta: ¿Por qué, David, estamos Zink Tank metidos en un contexto artístico?. Esperamos tu respuesta.

V – INCONVENIENTES DE AP

Ya puestos, y con la intención de ayudar en el tema, nos gustaría reseñar aquí en qué medida las condiciones que nos hemos impuesto para la realización del proyecto AP llegan a determinar nuestro trabajo. Resulta (muy) fácil reconocer de un vistazo las agradables partes positivas que puede brindar al artista un proyecto como AP. Pero como nuestro empeño con este escrito era poner en cuestión nuestra propia labor vemos también oportuno plantear las contrapartidas que este tipo de trabajo nos impone. Los inconvenientes del proyecto AP son:

* El hecho de que tienes que montar el estudio cada vez, muchas veces en lugares un tanto incómodos. (Por otra parte evitas la poco inspiradora sensación de tener las paredes de tu estudio demasiado vistas).
* Siempre resulta complicado encontrar el espacio y, sobretodo, el momento de intimidad necesarios para trabajar con comodidad. Estamos obligados a construir cada vez una intimidad propicia. (El hecho de que nuestra intimidad dependa de un tercero, el anfitrión, evita muchas veces que acabemos por agobiarnos de nosotros mismos).
* No estás en tu casa, por lo tanto, debes amoldarte a las reglas que rigen en casa ajena. (En casi todas las casas ajenas rige la hospitalaria regla de que hay que prepararle la comida al invitado).
* Por lo general la estancia no dura más de cuatro días para no agobiar al amigo que nos acoge. (En eso estamos de acuerdo, es una lástima que no se puedan alargar algunos de nuestros viajes).


VI – NOS AUTOJUSTIFICAMOS

Es bastante común encontrar en la producción artística circundante obras de escasa correlación entre texto y pretexto. El resultado ”obra” y el motivo por el cual se acomete pueden estar vinculados de forma totalmente aleatoria. Dada esta situación (que no nos hiere en absoluto) tampoco nos parece interesante encontrar nuestro particular vínculo esencial entre artista-intención-obra. Hoy en día se hace complicado plantear por qué un artista hace lo que hace y de qué manera. No es pertinente pues exponer razones de autor porque donde reside el valor es en la obra. ¿Qué es la obra? Con AP tenemos un problema porque precisamente lo que queremos que sea valorado es el proceso por el cual hemos llegado a la obra, separándolo del resultado final (en eso consiste la especificidad del proyecto AP). Puede resultar divertido, curioso, nuestro método de trabajo y el resultado parecerte perfectamente una mierda. En este sentido nos desdoblamos: unos somos Zink Tank haciendo visible como grupo nuestro modus operandi, y otros somos Zink Tank queriendo construir una canción (sea pop, agradable, absurda o sublime) que sea susceptible de ser escuchada más de una vez en unas condiciones normales de cotidianidad. Zink Tank no hacemos arte sonoro, nuestra obra no es reductible a un espacio expositivo o contexto artístico además de que difícilmente lo conseguiría. Sin embargo, para producir nuestra música, ponemos en relación conceptos como los de domesticidad, no-profesionalidad, invención autobiográfica (construcción ficticia de una identidad de grupo), documentación más o menos exhaustiva del proceso de creación, etc. ¿Podríamos desarrollar nuestras obras prescindiendo de todos los parámetros que el proyecto AP requiere? Probablemente, pero nos quedaríamos sin AP, y en verdad os decimos que nos gusta AP.

Hemos querido que Copenhague tuviera su canción, y para eso hemos puesto en funcionamiento toda una metodología de trabajo para su consecución, el hecho de que Copenhague esté o no esté, se reconozca o no en la canción, resulta irrelevante. Lo mismo decimos de Mollet del Vallès, pero, como podréis escuchar y leer, la absoluta particularidad de la casa del pintor Joan Abelló, en la que pasamos una noche de las que se dicen especiales, influyó más de lo que creemos en el resultado final. ¡Deléitense!

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LA NIT “ABELLÓ”, SEGONS EL JORDI

Vam tenir una nit força peculiar. Barreja d’ambients: de les delícies dels embotits extremenys (tot sopant abans d’entrar a la casa del nostre amfitrió) vam passar de sobte a l’olor a naftalina i a roba vella que es desprenia de les diferents cambres de la casa. Els nostres ulls feien pampallugues i no ens acabàvem de creure la quantitat d’objectes acumulats que tenia aquest home dins la casa.

Ens van acompanyar el David Armengol, comissari del cicle “Obsessions” en el que estàvem programats, i el Marc, encarregat del manteniment del Museu Abelló. El Marc semblava molt tranquil (clar, ell coneixia la casa i ja no es sorprenia de res). De fet, quan va descobrir que hi havia una tele i que funcionava no es va preocupar de res més i es va posar a veure les curses de motos que feien a altes hores de la nit.

Nosaltres teníem altres objectius i vèiem aquella casa com un palau per descobrir.

Vam fer un munt de passejades per les cambres; acompanyats, a soles, tocant els diferents pianos, enregistrant, agafant idees prèvies…

El David es dedicava a documentar tot el procés. Semblava bastant actiu fins que es quedar tieso al sofà vora les 5 del matí. De fet, poc a poc, tothom va anar caient.

Ens vam instal·lar a una sala on hi havia un esquelet de tamany natural, l’esquelet d’un fetus penjat d’un cordill i uns maniquins d’home que vigilaven atentament tot el que fèiem. Quan portàvem 4 o 5 hores treballant, enregistrant i aportant algunes idees vam veure que no acabava de funcionar. Jo em vaig tancar a fer guitarres i veure si li podíem donar una altra mirada, però no va ser fins que vam descobrir els xilòfons i vam llençar una mirada nova a tot l’arxiu de sons que havíem recopilat.

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Vam sortir a primera hora del matí amb l’olor dels antics records surrealistes de la casa. El Marc, el tècnic, quan es va llevar semblava una d’aquelles titelles que el Joan Abelló tenia classificades com a material especialment estrany i espantós, ens va donar un bon ensurt. Vam poder sortir sense problemes, cap denúncia per part dels veïns, i un bon esmorzar que ens ajudaria a recomposar-nos una mica.

LA NOCHE “ABELLÓ”, SEGÚN PIA

Mollet de Vallès es un pueblo que, de cierta manera, despierta asociaciones con un pueblo del oeste lejano. El oeste lejano, como lo conocemos de películas donde dominan los duelos, las calles polvorosas, los vientos cálidos y donde a su vez hay esta especie de idilio que parece tranquilo en la superficie.

En Mollet no vimos ningún duelo en la calle, y tampoco es un pueblo polvoroso. Pero sí que tiene un cierto idilio. Uno siente tranquilidad cuando pasea por estas calles estrechas, de las cuales, muchas terminan con montañas al horizonte.

Aquí, lo más inquietante parece ser justamente la calma.

Por eso, cuando tuvimos la suerte de poder pasar una noche en la casa privada del Señor Joan Abelló, para hacer allí una canción que se llamaría Mollet, era casi un alivio descubrir que no, todo no es lo que parece en aquest poble del Vallès.

El encuentro con esa mansión de un tamaño bastante importante (considerando que está en una calle normal y corriente de casas de dos plantas), fue un viaje a otros tiempos, una introducción a la larga vida de un coleccionista obsesivo.

El paisaje de objetos y decoraciones era tan impresionante, que resultaba imposible para los ojos asumirlo todo en una sola noche. Por eso, al cabo de un rato, decidimos (sin hablarlo) fijarnos en lo que, a primera vista, más útil nos podría ser en la elaboración de lo que era nuestro objetivo principal para estar allí.

Y la casa nos ofreció un arsenal de instrumentos antiguos, suficiente para tirarse toda la noche exclusivamente probando todo lo que contenía.

Empezamos con los pianos. Habían al menos siete pianos, de los cuales solo uno sonaba más o menos afinado.

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Estuvimos un buen rato, como alrededor de tres horas, completamente enamorados de tantas posibilidades de desafinación. Pero llegó el momento en que nuestros oídos ya no sabían qué sonaba desafinado bonito, y qué era solamente desafinación molesta.

Así que decidimos atacar la parte percusiva del arsenal. Nos encontramos con una batería de los años veinte o treinta. Una batería, que parecía hecha para un enano (bueno, todos sabemos bien que desde hace cien años, los europeos son cada vez más altos, pero cuando lo ves en objetos de uso, como esa batería, se hace más real y más extraño, porque te sientes como un gigante). Esa batería dio espacio para grabaciones minimalistas de golpes y sonidos (para luego poderlos editar a nuestro gusto en el ordenador –ya que no somos bateristas…), y también para hacer un poco de jam junto a uno de los pianos de muy grave desafinación (una vez que te enamoras, es difícil desenamorarse).

Pero por las ganas de probarlo todo en este Coney Island (ver: parque de atracciones) de Mollet del Vallès, pasamos brutalmente de la batería enana, y nos dedicamos a investigar el sonido de un xilófono bien escondido y bien polvoroso.

Había quien se quedó un buen rato tocando el xilófono y quien se fue a tocar la guitarra.

Ya a estas alturas estábamos muy llenos, y se acercaba el momento de empezar a digerir, es decir a construir. Con todo lo que teníamos en el saco de grabaciones e impresiones debíamos pasar ahora a construir lo que iba a ser “Mollet”, la cançó.

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