La Caja de Pandora de Lucía Lara fue la segunda intervención de L’Aparador, este mes acababa La collection de formes de Pierre Descouvré de Samuel Labadie y el día 1 de febrero, inauguramos Sorològic. Fragments arqueològics per a un possible imaginari acústic de Fito Conesa.
Como sabeis, el trabajo de Lucía se centra en el análisis exhaustivo de un personaje (interpretado siempre por ella misma, como una especie de alter-ego, máscara o desdoblamiento conceptual y estético) deudor de determinados estereotipos o construcciones sociales vinculados a la figura femenina. Un modelo de mujer próximo a la noción de femme fatale que la literatura, el cine o más recientemente la publicidad han fomentado y reconducido a partir de múltiples y diversas estrategias y fines. Un personaje que, de momento, acompaña a Lucía Lara en su trayectoria artística como ejercicio obsesivo de exploración de su identidad dentro del contexto arte desde una doble mirada: como artista y como mujer.
Más allá del trabajo videográfico de la artista – que constó de cinco videos cortos en loop – la instalación precisa de la Caja de Pandora en el escaparate de Mollet fue compleja y costosa, puesto que la idea fue cubrir todo el espacio (16 metros de largo por 0,70 cm de ancho) de negro y convertirlo así realmente en una caja: la caja de Pandora por un lado, la cámara oscura precursora de la fotografía por el otro. De este modo, los cinco videos sólo podían descubrirse por cinco pequeños agujeros por los que huían – como los males de Pandora – las imágenes en movimiento de Lucía. Algo que, de un modo explícito, jugaba con la mirada y la actitud del espectador.
Pese a la multiplicación de reflejos que provocó cubrir de negro toda la superficie del escaparate, aquí teneis algunas imágenes.




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