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La Caja de Pandora de Lucía Lara fue la segunda intervención de L’Aparador, este mes acababa La collection de formes de Pierre Descouvré de Samuel Labadie y el día 1 de febrero, inauguramos Sorològic. Fragments arqueològics per a un possible imaginari acústic de Fito Conesa.
Como sabeis, el trabajo de Lucía se centra en el análisis exhaustivo de un personaje (interpretado siempre por ella misma, como una especie de alter-ego, máscara o desdoblamiento conceptual y estético) deudor de determinados estereotipos o construcciones sociales vinculados a la figura femenina. Un modelo de mujer próximo a la noción de femme fatale que la literatura, el cine o más recientemente la publicidad han fomentado y reconducido a partir de múltiples y diversas estrategias y fines. Un personaje que, de momento, acompaña a Lucía Lara en su trayectoria artística como ejercicio obsesivo de exploración de su identidad dentro del contexto arte desde una doble mirada: como artista y como mujer.
Más allá del trabajo videográfico de la artista – que constó de cinco videos cortos en loop – la instalación precisa de la Caja de Pandora en el escaparate de Mollet fue compleja y costosa, puesto que la idea fue cubrir todo el espacio (16 metros de largo por 0,70 cm de ancho) de negro y convertirlo así realmente en una caja: la caja de Pandora por un lado, la cámara oscura precursora de la fotografía por el otro. De este modo, los cinco videos sólo podían descubrirse por cinco pequeños agujeros por los que huían – como los males de Pandora – las imágenes en movimiento de Lucía. Algo que, de un modo explícito, jugaba con la mirada y la actitud del espectador.
Pese a la multiplicación de reflejos que provocó cubrir de negro toda la superficie del escaparate, aquí teneis algunas imágenes.

Reutilizada y reinterpretada desde la actualidad, la mitología – quizás por su juego seductor de ficción y fantasía – permite una aproximación a la realidad desde cierta distancia y protección. Así, el discurso mitológico se abre a otros contextos y se convierte en una herramienta presente en muchas construcciones culturales que asumimos casi sin darnos cuenta de ello. Algo parecido ocurre en el trabajo reciente de Lucía Lara y en su lecura – desde el arte – del mito de Pandora. Un punto de partida que lleva a la artista a la revisión (obsesiva y repetitiva) de la femme fatale tan potenciada posteriormente desde el cine.
Pese a que el mito de Pandora es harto conocido, vale la pena comentarlo brevemente. Resulta que Prometo desveló a los hombres el secreto del fuego. Como castigo, Zeus ordenó la creación de una mujer (la primera, versión griega de Eva) que fue repleta de virtudes por parte de los dioses. Belleza, persuasión, habilidad… aunque también (gracias a Hermes, mensajero de los dioses y de la voluntad divina) obtuvo otras cualidades más dudosas como la mentira o la falacia. Zeus le entregó también a Pandora una pequeña ánfora que no podía abrir (puesto que contenía todos los males) y que debía entregar a Epimeteo el día de su boda (el hermano de Prometeo, que se enamoró de ella) . Pero claro, Pandora abrió la caja y así se esparcieron por el mundo todas las desgracias humanas (la enfermedad, la ruina, el vicio, la tristeza…), cerrándola para dejar en su interior únicamente la esperanza.
Con un argumento de tales características, no es de extrañar que dicho mito haya sido utilizado en muchas ocasiones para explorar la confección de cierto ideal femenino; un modelo de mujer capaz de romper los esquemas establecidos y convertirse – pese a su siempre mala fortuna – en un símbolo de libertad e inconformismo. Quizás una especie de pre-feminismo mal entendido. Una actitud liberadora muy extendida en el arte y la cultura del finales del siglo XIX y principios del XX.
Viernes 21 de septiembre. 20 h.
Del 21 de septiembre al 15 de noviembre de 2007
La Caja de Pandora es la segunda intervención del ciclo “Obsessions” para el Aparador del Museu Abelló de Mollet. Próximo al acto de curiosear, a la experiencia del secreto y al descubrimiento furtivo o malicioso, La caja de Pandora exhibe por primera vez el trabajo videográfico de Lucía Lara alrededor del personaje que define su trabajo desde hace años: una especie de alter ego que es y no es ella misma. Un juego de apariencias y provocaciones que se aproxima al estereotipo femenino situándose a medio camino entre la fascinación y el cuestionamiento crítico.
La inauguración del Aparador se complementa con el pase de La Caja de Pandora (1928), film de Georg Wilhelm Pabst que sirve a la artista como punto de partida para su proyecto.
A las 19:30 h, saldrá un autobús gratuito de la Plaza de Can Fabra (Parada de Metro Sant Andreu. Línea 1) hacia Mollet para regresar después a Barcelona sobre las 11 h de la noche.




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